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1.
Introducción El presente trabajo pretende analizar las diferencias
en el concepto de la caballería tal como la representan dos libros de caballerías
redactados a finales del siglo XV Los cuatro libros del esforçado et virtuoso
cauallero Amadís
de Gaula y Las Sergas de Esplandián, ambos del puño de Garci Rodríguez de
Montalvo. En cuanto a la estructura del presente trabajo,
pretendo ofrecer pasajes ejemplares de ambos textos para apoyar la conjetura que
acabo de expresar. Esto lo haré en los apartados 3 y 4 del trabajo y a
continuación en el apartado 5 quisiera proponer algunas analogías entre las
parejas paralelas de Amadís – Esplandián y Lancelot – Galaad de la Vulgata
arturiana francesa. Antes de todo pero creo oportuno dedicar el apartado 2 a la
“protoversión” de las aventuras de Amadís llamada el Amadís
primitivo que presenta interesantes alteraciones en la percepción de la
caballería y, por eso mismo, me parece provechoso mencionarla también. Los
textos de base para mi estudio serán la refundición de Los cuatro libros del esforçado et virtuoso cauallero Amadís de Gaula de
Garci Rodríguez de Montalvo en su edición zaragozana del año 1508, tal como
la edita modernamente Cacho Blecua[3].
En continuación me siempre referiré a ella como al Amadís o a los Libros de Amadís
de Gaula. Y en cuanto al texto de Esplandián utilizaré la edición de
libro de Las Sergas de Esplandián que
me ha sido accesible en la colección de la Biblioteca de Autores Españoles, es
decir la de Pascual Gayangos en el tomo XL denominado Libros de caballerías en su reprint del año 1963[4]
la cual siempre citaré como Las Sergas. 2. La antigua
versión de las aventuras de Amadís en el Amadís
primitivo Muchos autores, Miguel de Cervantes es uno de ellos,
afirman a través de los siglos que Amadís
de Gaula es la mejor novela de caballerías[5]
escrita en castellano. Sus numerosas continuaciones en la progenie de Amadises
ascendientes del primero y derivaciones como el Thrésor de tous les livres d’Amadis de Gaule,[6]
un manual de la educación cortesana francesa, lo atestiguan claramente. No
obstante, la fama de sus aventuras es incluso anterior al libro escrito por
Garci Rodríguez de Montalvo a finales del siglo XV e imprimido en Zaragoza en 1508. Las menciones de nombres
idénticos a los de protagonistas en documentos históricos indican que su
existencia remonta al siglo XIV o quizás antes.[7]
No hay que olvidar tampoco la posibilidad de que se trate de una novela
originalmente escrita en portugués o gallego. En
realidad el regidor
de Medina del Campo, Garci Rodríguez de Montalvo, es
solamente autor de una versión modernizada de las aventuras. Lo comprueban
fragmentos conservados de un texto del Amadís precedente. Avalle-Arce fecha su
redacción hacia 1290 y Martín de
Riquer como anterior a 1386.[8]
Ésta, según el libro de Avalle-Arce Amadís
de Gaula: el primitivo y el de Montalvo[9]
representa la trama principal de los libros I – III del Amadís. Mientras que sus libros IV y luego Las Sergas, o el libro V del Amadís, considerado no obstante independiente, son en su mayor
parte frutos del ingenio de Montalvo mismo. Toda
esta división es, de todas maneras, bastante académica puesto que, como ya he
dicho, de la versión primitiva del Amadís
se conocen hoy en día solamente unos pocos pasajes. Junto con el
trozo descubierto en 1953, no son más que unas columnas de 6-10 letras de
palabras mutiladas. Añadidas a la edición del Amadís de Avalle-Arce, ocupan
menos de diez páginas. Por lo tanto, no pueden servir de una base seria para la
análisis general del Amadís primitivo.
Éste se reconstruye a partir de los esquemas internos dentro de la refundición
de Montalvo. Como bien demuestra Avalle-Arce en su mencionado libro dedicado a
este tema[10]
muchos de los episodios y situaciones de la versión de Montalvo se han
conservado en ésta casi incambiados. Son tales que actualmente causan el mayor
asombro y curiosidad en la lectura del Amadís
por su poca compatibilidad con la atmósfera del texto reformado. Hago el hincapié en estas dos versiones sobre todo
porque precisamente estos aludidos pasajes que presentan diferentes evoluciones
de algunos episodios conciernen significativamente el tema del presente trabajo.
Ya en estas variantes podemos percibir la voluntad de Montalvo que trata de
adaptar la novela al modo de pensar en sus tiempos. Como si estuviésemos ante
tres niveles de visión de la realidad caballeresca. Primero encontramos la que
se nutre y estriba profundamente en los paradigmas de la materia
de Bretaña, esto son los episodios del Amadís
primitivo. Segundo podemos contemplar el concepto de caballería como un
servicio a los que son por razones de injusticia en necesidad de amparo, pero,
ante todo, como un servicio a la amada, dama del caballero. Este principio
encarna perfectamente el Amadís. Y la
tercera forma de caballería que sigue siendo servicio, sin embargo, esta vez se
trata de una verdadera “militia christi”, un servicio incondicional a la
iglesia católica, imagen de caballería que nos ofrece Montalvo en el personaje
de Esplandián. Antes de analizar pero los conceptos de caballería
en torno a los personajes de Amadís y de Esplandián, veamos un poco el primer
eslabón en la evolución de la caballería en la historia de los descendientes
de Pelión. Examinemos las peculiaridades de la percepción de caballería en el
Amadís primitivo. Como he dicho ya, se trata solamente de unas tantas
alteraciones de algunos episodios en el Amadís
en las cuales Avalle-Arce reconoce la textura del Amadís primitivo. Y
son precisamente estos pasajes que se convierten en muy interesantes desde el
punto de vista de la presente análisis. Montalvo ya en el Prólogo a su refundición explica que emprendió su trabajo para
“corregir”, como dice, el texto de los libros de Amadís “…que por falta de los malos escriptores, o
componedores[11], muy corruptos y viciosos
se leían…”[12] Y
lo hizo también mediante algunos cambios significativos en la trama general de
la novela. Los cambios conciernen sobre todo los episodios poco compatibles con
el concepto de la caballería tal como la quería ver el final del siglo XV. No
pudiendo pero omitir algunos episodios por ser éstos harto conocidos, utiliza
varias medidas para imponer su versión. Uno de estos recursos estriba en
relatar o aludir a un episodio afirmando a la vez que, en realidad, aconteció
de otra manera. Como es obvio, sobre todo gracias a estas menciones, pueden los
estudiosos topar con esquemas o motivos del Amadís
primitivo. Para
este estudio es importante que Montalvo partía de un texto o de una tradición
que se asemejaba, mucho más que el texto que luego escribió, al mundo de la
mitología bretona. Y que “corrigiendo”
estas historias para el gusto del lector del final del siglo XV en los primeros
2 ó 3 libros del Amadís omitió
algunos episodios inaceptables desde la perspectiva de su época, conservando
todavía al mismo tiempo, las bases tradicionales de la caballería. En los dos
últimos libros y en Las Sergas ya
trata de introducir personajes y situaciones que representan un otro tipo de
caballería, la caballería cristiana. Aunque muchos rasgos pueden discernirse
ya en el IV, o incluso III libro del Amadís,
y como explica Avalle-Arce, Montalvo reforma la novel intercalando nuevos
episodios entre los originarios así que la línea divisoria entre la historia
original y elementos introducidos nuevamente no puede ponerse entre los tres
primeros libros y los restantes o entre el Amadís y el Esplandián, sino ésta
va dentro del texto entero de todos cinco libros, entiéndase en las partes que
ideó él mismo. Los
restos del Amadís primitivo en el texto de Montalvo pueden verse por ejemplo en
dos episodios que Montalvo recoge y los depura utilizando diferentes medidas. Se
trata de las dos batallas mortales protagonizadas por caballeros enlazados por
relaciones familiares. Como es bien sabido, el tema de parricidio o fratricidio
es muy frecuente en la mitología bretona. En
cuanto al fratricidio, Avalle-Arce cree que en el Amadís primitivo graduó la oposición de cualidades y características
entre el fiel y modesto amante Amadís y su más impulsivo y, sin duda, menos
casto hermano Galaor a tal punto que desembocó en una batalla mortal entre los
dos. En ella probablemente Amadís dio muerte a su hermano, lo que puede
corroborarse con el hecho de que a continuación la historia ofrece solamente
menciones parciales e indirectas de Galaor. Los cuales son, según opina
Avalle-Arce, meras añadiduras de Montalvo. El refundidor tuvo que inserirlas si
quería cambiar el destino de Galaor ya que resultaría poco lógico que en los
dos últimos libros del Amadís no se hiciese mención del segundo más grande
caballero del mundo y además hermano carnal del protagonista. Un
cambio significativo representa también el desenlace de la batalla entre Amadís
y Esplandián. Montalvo lo sitúa ya en Las
Sergas (cap. XXVIII, p. 435), y esto no contradice la hipótesis que ésta
pertenezca a la trama del Amadís
primitivo, puesto que, como ya he aducido, Montalvo usa los esquemas del Amadís
primitivo a través de todos los cinco libros del Amadís.
Amadís, instigado por la creciente fama de su hijo y el olvido de la suya le
desafía al pasar un puente (cap. XXVIII, pp. 433-434) y Esplandián, no
sabiendo que se trata de su padre, se ve forzado aceptar la batalla. Después de
una lucha despiadada Esplandián vence a Amadís el cual se rinde, pero quedan
ambos seriamente heridos. No obstante, como ya he señalado, Montalvo elimina el
duro trance que significaría la muerte de Amadís y comenta su retoque así: “Pasó esta cruel y dura batalla, así como ya
habeis oido, entre Amadís y su hijo, por causa de la cual algunos dijeron que
en ella Amadís de aquellas heridas muriera, y otros que del primer encuentro de
la lanza, que las espaldas le pasó. Y sabido por Oriana, se despeño de una
ventana abajo. Mas no fué así, que aquel gran maestro Elisabar le sanó de sus
llagas, (…) pero la muerte que de Amadís sobrevino no fue otra, sino que
quedando en olvido sus grandes hechos, casi como so la tierra, florecieron las
del hijo con tanta fama, con tanta gloria, que á la altura de las nubes
parecian tocar.”[13] Podemos
observar como Montalvo refuta la solución parricida tan esencial en la tradición
bretona y arturiana (me refiero sobre todo a la paralela lucha entre Artús y
Mordred, tal como la cuenta por ejemplo La Mort le roi Artu de la Vulgata
arturiana) y la pretende sustituir por una explicación o interpretación
figurativa y espiritual. Creo que son obvias las razones de esto. Dejando a
parte el rechazo rotundo de lucha entre caballeros cristianos que se lee muy
frecuentemente en Las Sergas, Montalvo
se esfuerza en formar la imagen de Esplandián como un caballero “cathólico
y virtuoso”, como lo anuncia en el Prólogo
al libro IV del Amadís.[14]
Y por eso no puede permitir que cometa un pecado tan grave. Si así fuese,
Esplandián perdería naturalmente la gracia divina y muy difícilmente se le
podría atribuir el papel del más cristiano entre los caballeros. Sería
similarmente tachado como por ejemplo Lancelot por su pecado de adulterio y
tendría que ceder su puesto a un otro Galaad. Esto pero no es la intención de
Montalvo quien refunda la novela, tal como expondré más tarde, reservando para
Esplandián el papel casi redentórico, por lo menos de cierta manera,
equivalente al de Galaad en la Vulgata.
Y será Amadís, al cual Montalvo adjudica un papel similar del de Lancelot. Ser
loado como “solamente” el mejor caballero del mundo. Entiéndase del mundo
secular. 3. La caballería
en el Amadís de Gaula El personaje de Amadís y el mundo que lo rodea en
los textos de sus libros será el objetivo de esta tercera parte de mi análisis.
Voy a enfocarme solamente en el aspecto de la motivación y la justificación de
la actividad caballeresca. Pretendo hacer patente, como ya he expuesto, que la
actividad caballeresca de él y de otros de su círculo tiene su eje y su motor
en el amor hacia la dama amada. Más
abajo pretendo ilustrar con ejemplos del texto que, en la mayoría de los casos,
todas las aventuras que emprenden los caballeros en el Amadís, lo hacen impulsados por deseos de una exaltación personal,
por la fama caballeresca. Lógicamente, tal como lo fijan las reglas del género,
este empeño sirve, sobre todo, como una condición y presupuesto para lograr el
amor y, a veces, como en nuestro estudiado texto, la posesión legal de la dama
amada en el matrimonio público[15].
Éstas son las características que pueden encontrarse desde el comienzo de la
vida caballeresca del joven Amadís. El momento de su investidura del caballero,
por su brusquedad, no explica mucho,[16]
pero unas páginas antes, precisamente después del pasaje clave que describe el
nacimiento del amor de Amadís hacia Oriana, amor que “turó quanto ellos turaron”[17],
Amadís (llamado entonces por su origen el Donzel
del Mar) delibera la idea de convertirse en caballero precisamente para
ganar el aprecio de su amada: “Pues passando el tiempo, como os digo, entendió
el Donzel del Mar en sí que ya podría tomar armas si oviese quien le hazer
cavallero; y esto desseava él considerando que él sería tal y haría tales
cosas por donde muriese, o biviendo su señora le preciaría.”[18] (El
final de este pasaje, quizás, presente varias opciones para la interpretación.
Cacho Blecua ni Avalle-Arce no lo explican, pero si leemos el párrafo
juntamente con el ya aludido pasaje referente al primer reconocimiento del amor
hacia Oriana, me parece muy probable que la lectura sea que Amadís como
caballero haría tales cosas o sea,
hazañas, por las cuales, aunque muriese o
no en su transcurso, su señora le
preciaría.) Así que, repitiendo una vez más, las razones por las cuales
Amadís desea convertirse en un caballero son llevar a cabo grandes proezas y
conseguir así el aprecio de Oriana. Similarmente
puede verse la motivación que lleva a Amadís la batalla judicial con Dardán
el Soberbio en el capítulo XIII. Amadís es al principio ultrajado por Dardán
cuando éste le niega hospitalidad en su fortaleza y luego llega a saber que
este mismo caballero mantendrá dentro de poco una batalla judicial para
injustamente desapropiar bienes de una dama. Comparemos el pasaje que pone en
relieve el razonamiento del héroe: “Amadís fue muy alegre con estas nuevas porque
el cavallero fuera contra él sobervio y que podría vengar su saña teniendo
d[e]recho y porque la batalla se faría delante su señora Oriana…”[19] Las
razones que inculcan a Amadís de combatirse con Dardán son el deseo de “vengar
su saña” y la oportunidad de mostrar su valentía ante Oriana. Es curioso
comprobar que ni en este pasaje, ni en todo el capítulo dedicado al episodio de
la batalla con Dardán, no se menciona explícitamente que Amadís emprendiese
esta aventura para defender la dueña injustamente agredida. (Algo que sí se
manifiesta en relación con otras aventuras similares.) Debo
adelantar también que la interpretación de varias menciones del ayudo divino y
del nombre de Dios concernientes la batalla judicial de este capítulo es sólo
secundaria. No cabe la menor duda de que estos personajes son buenos cristianos
y esperan la ayuda de Dios en favor de la justa causa contra la injusta. Y que,
incluso, Amadís defendiendo a una mujer desamparada contra una reivindicación
sin derecho obra como un verdadero cristiano. De hecho pero, las causas
expresadas y deliberadas por el héroe de mantener el partido de la dama son,
como ya he mencionado, la saña contra el otro caballero y el hecho que la
batalla tendrá lugar ante los ojos de Oriana. No creo que en cualquier sentido
puedan interpretarse estas menciones de Dios como paralelas a las en Las
Sergas de Esplandián donde las aventuras y combates de Esplandián se efectúan
ya desde el principio por la causa divina en lucha contra los infieles, tal como
lo expondré más detalladamente en el apartado 4. Veamos
pero otros pasajes. Comparemos por ejemplo una situación clásica en los libros
de caballerías. Amadís, al entrar en una valle, topa con un escudero que le
dice: “Señor cavallero, no passéis más adelante si
no otorgáis que es más fermosa la amiga de aquel cavallero que al pino es
acostado que la vuestra.”[20] Y
Amadís le responde: “Si Dios quisiere (…) tan gran mentira nunca
otorgaré si por fuerça no me lo hazen dezir o la vida no me quitan.”[21] Y
estas palabras, por más modestas que parezcan, suscitan en el caballero
mantenedor una reacción airada y natural, según el código caballeresco: “- Cierto, cavallero, gran locura hezistes en no
otorgar lo que vos demandaron, que vos havréis a combatir comigo. - Más me plaze desso – dixo Amadís – que de
otorgar la mayor mentira del mundo. - Y yo sé – dixo el cavallero – que lo otorgaréis
in otra parte donde vos será mayor vergüença.”[22] Y
esta conversación desembocará en una despiadada batalla singular entre los dos
caballeros. No creo que haya otro ejemplo mejor de la exagerada observancia del
honor caballeresco que con razón podían los coetáneos de Montalvo considerar
como una vanagloria mundana. En
otro pasaje, ya un poco más adelante en la obra, podemos comprobar cuán
estrecho fue el vínculo entre el favor de la dama y las fuerzas del caballero.
En el cap. XLVI del Amadís, a
principios del famoso episodio de la penitencia amorosa que Amadís pasará bajo
el nombre de Beltenebrós (o Beltenebrós en otras ediciones), éste topa con
Patín, futuro emperador de Roma, que cabalga cantando de alta voz sobre su amor
a Oriana. El escudero de Amadís, Gandalín, instiga a su amo que combata con
Patín y “le faga conoscer su locura”,
pero Amadís le responde: “¡Cómo eres loco en esto que dices!; e sábete
que no tengo seso, ni coraçón, ni esfuerço, que todo es perdido cuando perdí la merced de
mi señora, que della y no de mí me venía todo…”[23] Aquí
tenemos una clara afirmación: la caballería se hace para servir a la dama de
la cual, al mismo tiempo, proviene el esfuerzo, la virtud caballeresca de
enfrentarse con grandes peligros. Si el caballero pierde el favor de su dama,
vale “cuanto un cavallero muerto”,
como dice Amadís unas líneas más abajo. Luego, a la hora de analizar las
actitudes de Esplandián, mostraré que éste, a diferencia de Amadís,
pronuncia muchas veces que sus fuerzas y virtudes provienen de Dios. De
una manera semejante vemos expresadas las razones y justificación de una
aventura del cap. LXI, donde Amadís combatirá Ardán Canileo que tiene presos
a dos caballeros de la corte del rey Lisuarte, a Arbán de Norgales y a Angriote
de Estraváus. Allí una donzella gigante exige de Amadís que sea él quien
luchará con Ardán y Amadís le responde: “Buena donzella, de me yo aventurar por tales dos
amigos, y porque el señorío del Rey sea acrescentado, cosa justa es…”[24] Otra
vez las causas que llevan Amadís a probar la aventura son los deberes vasalláticos
y el anhelo de la exaltación personal en el servicio a su señor. En
cuanto a otros caballeros de la novela, veremos enseguida que se precipitan en
aventuras caballerescas por muy semejantes razones. Por ejemplo, Galaor, hermano
de Amadís, combate con él, ignorando su identidad, solamente porque ha
prometido un “don”. Se trata, como en muchas otras ocasiones en la
literatura caballeresca, de un don
contraignant; una promesa de cumplir algo en el futuro sin saber qué será
el objeto de la petición. El
objeto del don prometido, a una donzella en este caso, es la cabeza del enano de
Amadís. Al cual, naturalmente, Amadís defiende contra su desconocido hermano,
primero con estas palabras: “-¿Qué es esso, señor cavallero?; ¿por qué
me queréis matar mi enano?; no fazés como cortés en meter mano en tan cativa
cosa; demás ser mío, y no me lo aver demandado a derecho; no pongáis mano en
el, que amparároslo he yo.”[25] Galaor
le responde así: “-De vos lo amparar (…) me pesa; mas todavía
conviene que la cabeça le taje.”[26] Y
los caballeros luchan sin que ni uno ni el otro sepan bien por qué. Aunque, según
la óptica caballeresca, la lucha tiene razones legítimas: Amadís defiende a
su vasallo y Galaor solamente cumple la promesa, el don aludido, que está
vinculada con su honor. En realidad, toda esta peripecia es artimaña de una
doncella maléfica. Ésta explica a un tercer caballero las razones de la
batalla que se desarrolla ante sus ojos: “… aquel (…) ha nombre Amadís; y este otro
con quien se combate se llama Galaor, y matóme el hombre del mundo que yo más
amava, y teníame otorgado un don, y yo andava por gelo pedir donde la muerte le
viniesse; y como conoscí al otro cavallero, que es el mejor del mundo, demandéle
la cabeça de aquel enano: assí que este Galaor, que muy fuerte cavallero es
por me la dar, y el otro por la defender, son llegados a la muerte, de que yo
gran gloria y plazer recibo.”[27] El
honor que queda como un gaje de la promesa del caballero, aunque se trate de un don
contraignant, es el valor más preciado. Por eso la única manera como puede
Galaor ser quitado de cumplirla, es la muerte de la doncella. Y, en efecto, así
sucederá a continuación cuando el tercer caballero… “… diole un golpe tal en el pescueço, que la
cabeça le fizo caer a los pies del palafrén…”[28] Tal
como el honor y lealtad, el engaño y la traición son cualidades absolutas y, a
la vez, extremos opuestos y los últimos merecen un castigo despiadado. 4. La
caballería en Las Sergas de Esplandián La
narración correspondiente a Esplandián no se limita sólo a “su” libro
de Las Sergas de Esplandián o el V libro
añadido a los cuatro anteriores por la mano de Montalvo. Esplandián nace ya al
principio del libro III del Amadís y
aunque no desarrolla ningunas aventuras caballerescas (por el simple hecho que
llega a la edad propicia y es armado caballero solamente al final del libro IV
del Amadís) pasa peligros y
peripecias que serán significativos para su vida futura. Su
carrera caballeresca empieza al comienzo de Las
Sergas de Esplandián y, al mismo tiempo, observamos la gradual pero
irreversible caída de la fama de su padre Amadís. Ahora en este apartado querría
hacer patente sobre todo el cambio más visible y esencial de la concepción de
la caballería. Montalvo
desde el primer momento no deja lugar para dudas que Esplandián ya no ejerce la
caballería únicamente como un servicio a su dama (aunque este elemento cortés
siempre tiene un papel importante), sino como un servicio al Dios. Cacho Blecua
por ejemplo aduce que ya antes de que Esplandián naciese la maga Urganda lo
comparaba con el unicornio, un animal
que en los bestiarios medievales suele identificarse con Jesucristo, es decir el
Salvador, el Redentor.[29]
Esplandián desde sus primeros hechos caballerescos expresa explícitamente
el fin de su quehacer. Así lo pronuncia en su largo parlamento el comienzo de Las
Sergas a Sargil, su escudero: “Y si á Dios plugiere que mi deseo se cumpla, tú
verás que cuanto mis obras serán mas diversas de las de los otros, tanto serán
mas dignas de alcanzar el galardon de aquel que darlo puede.”[30] En
estas palabras bien reconocemos el espíritu caballeresco reformado (aunque
mochos años antes de la Reformación)
hacia la devoción cristiana. Esplandián cree que hay que realizar otras hazañas,
tales que sirvan al Dios y huir de lo que rellena los cuatro anteriores libros
del Amadís y también muchas páginas
de Las Sergas que tratan de otros
caballeros, que es casi la esencia de la vida caballeresca en su tradición
anterior, la vana lucha entre cristianos. Según
la concepción de la nueva caballería los cristianos no deben guerrear entre sí
por vanaglorias, sino enfocar su esfuerzo contra los que amenazan la fe
cristiana. De una manera directa lo exprime el sujeto narrativo al final del ya
citado capítulo II: “Y asi fué como este caballero lo dijo; porque
sus grandes caballerías, que en su tiempo par no tuvieron, fueron contra los
paganos enemigos de la santa fe católica; que poco tiempo habia pasado que era
establecida…”[31] Y
no faltan otros ejemplos. Ya en la primera aventura importante de Esplandián
(que representa el entrelazamiento entre el IV libro del Amadís y Las Sergas) la
de la liberación del rey Lisuarte, Esplandián debe vencer a tres desmesurados
gigantes que tienen preso a Lisuarte en su castillo. Esplandián percibe esta
aventura como un deber que le encargó Dios en su destino. Ya desde finales del Amadís
nos enteramos mediante la profesión de Urganda la Desconocida que encontrar
y liberar a Lisuarte sólo a Esplandián “por
su especial gracia le es permitido.”[32]
Y así lo pronuncia él mismo invocando a Jesucristo antes de vencer el segundo
de los gigantes, Furión: “Señor Jesucristo, ayúdame contra este diablo
enemigo tuyo, que sin tí poco para le empecer bastarian mis fuerzas.”[33] Recordemos
ante este ejemplo similares pasajes del Amadís
(algunos citados en nuestro apartado 3) donde el protagonista llama en su
ayuda la imagen de su amada. Significativa aquí resulta también la denominación
del gigante como diablo. En el libro
de Las Sergas aparece en esta relación
muchas veces y la mencionaré también en un otro paso. En
esta aventura es Esplandián presentado como un evangelizador. Antes de vencer
completamente al tercer gigante Matroco, deseando no quitarle la vida, le ofrece
dejar la batalla si éste acepta la ley
cristiana y promete emprender luego la guerra contra los infieles. Matroco
al principio rechaza, pero después de un golpe del cual parece que a Esplandián
guardó el mismo Dios, acepta diciendo: “Caballero, agora conozco ser verdad lo que
dijiste, que no de tí viene el esfuerzo, mas de aquel en quien es la verdad y
el poder…”[34] (Otro pasaje significativo para la comparación con
el Amadís. Para él todos sus
atributos caballerescos seso, coraçón y
esfuerço provenían de
su señora, como he aducido en el apartado 3.) Aquí Esplandián parece ser
protegido por la mano de Dios cuando sirve como realizador de su voluntad.
Anteriormente le respondía a Martoco hablando de otros gigantes, parientes
suyos, que Esplandián ya había matado: “Estos que dices que yo maté, matólos su gran
soberbia y crueles obras; que ya el Redentor del mundo, enojado dellos, no quiso
sufrir sus maldades, y quiso que aquí algo dellas pagasen…”[35] En
continuación comparemos por ejemplo el capítulo XLIII donde Esplandián vence
a dos soberbios gigantes, sin duda paganos, que tienen un su prisión muchos
cristianos, entre ellos también a Gandalín, ahora ya caballero, y Lasindo.
Esplandián antes de acometer el gigante delibera así: “Esplandian, que así lo vió con tan mal
semblante y tanta soberbia, bien conoció que no era ese de aquellos que él
rehusaba de se combatir con ellos, mas de los que habia de buscar á todas
partes para los quitar, si pudiese, del mundo, donde no tenian otras obras sino
hacer mal á los siervos de Dios…”[36] Vemos
aquí explícitamente la motivación de Esplandián. La soberbia y afrenta que
le dirige el gigante antes de este pasaje no le suscitan deseo de defender su
honra o fama, mas el deber de destruir tales enemigos de la fe. Lo que es otra
diferencia ejemplar del concepto de la caballería del Amadís. Allí, en el citado (apartado 3) pasaje de la batalla con
Dardán el Soberbio, Amadís, a diferencia de Esplandián, desea sobre todo “vengar
su saña” y conseguir el aprecio de Oriana. Además, en las palabras “no
era ese de aquellos que él rehusaba de se combatir con ellos” podemos
reconocer dos aseguraciones. Primero que Esplandián se esforzaba de mantener el
principio mencionado anteriormente de no enfrentarse con caballeros cristianos
los cuales, siguiendo la tradición antigua, le desafiaban (como por ejemplo su
propio padre Amadís en el capítulo XXVIII, p. 433-434) y él tenía que huir
ante sus ataques. De esto mismo puede también deducirse que el gigante, en los
libros del Amadís perteneciente a la progenie malvada y traidora, es en Las
Sergas presentado como un pagano. Lo cual se complementa con la denominación
ya aludida. Esplandián se refiere al gigante como a un “diablo
desemejado”[37]
a como a la “hechura del diablo”[38]
y como tal le amenaza: “Como tú eres hechura del diablo, así precias y
tienes en mucho el esfuerzo y fuerzas corporales, creyendo que no pueden ser
regidas ni gobernadas de aquel superior que las da y puede quitar. (…) que si
esto en la memoria tuvieses, serias á la razon y miedo sojuzgado; mas no te
deja aquel á quien tú sirves, (…) porque en la fin, (…) goce él del fruto
de su trabajo, que será, perdiendo tú el cuerpo, llevarse él el ánima á los
infiernos.”[39] Un
pasaje similar ya en balde buscaríamos entre los que pronuncian otros
caballeros en los libros del Amadís anteriores.
Parece ser un sermón, una doctrina que instiga a la siempre posible salvación.
Precisamente a pasajes como este se refiere Montalvo en el capítulo II de Las
Sergas cuando introduce al personaje de Nasciano, un ermitaño que educa a
Esplandián. Montalvo con su presencia explica la “santa
doctrina” que Esplandián enseña y que de otra manera necesariamente
parecería ideada “de aquel que su
historia escribió, ornándola y aderezándola porque bien paresciese.”[40] Lo cual es falso dice el autor ya que: “…como este caballero fué criado de aquel
santo hombre Nasciano (…) hasta la edad de siete ó ocho años (…) que en
aqueste medio tiempo fué por él doctrinado y enseñado con tantas y tan dulces
palabras (…) y asi le quedaron en la memoria escritas en sus entrañas, que
nunca, por saña ni por ira que le viniese, las pudo en olvido poner.”[41] No
obstante, aunque por Nasciano bien “doctrinado
y enseñado”, resulta muy inverosímil que Esplandián pronuncie estas
palabras. Los cuales, de todas formas, bien caracterizan a un caballero “cathólico
y virtuoso”, que Esplandián, bajo la hábil mano de Montalvo, es. 5. Paralelismo con Lancelot – Galaad Como
he tratado de ilustrar en los apartados anteriores, el concepto de la caballería
en Los cuatro libros de Amadís de Gaula y
en Las Sergas de Esplandián sufre
cierta transformación. El ideal caballeresco representado originalmente por
Amadís como un guerrero cortés se
transmuta en ideal de caballero piadoso en el personaje de Esplandián. En
este quinto apartado quisiera advertir algunas similitudes entre las características
de esta relación de Amadís – Esplandián y las que vinculan a Lancelot y a
Galaad en la Vulgata arturiana
francesa. Añado que estos paralelismos ya fueron esbozados por Emmanuéle
Baumgartner y Cacho Blecua.[42] La
Vulgata francesa fue probablemente la
más conocida y extendida versión de las aventuras de la materia de Bretaña. Transformada del verso en prosa para asemejarse
al género de la historia, o sea la
narración de hechos reales, exponía los mitos del círculo del mago Merlín,
del rey Artús y sus caballeros, hasta el introducido tema de la búsqueda del
Graal. Su parte que nos interesa en este estudio son los libros que cuentan las
aventuras de Lancelot y Galaad, es decir el tercer libro de la Vulgata
denominado por su editor Micha y por Emmanuéle Baumgartner Lancelot
propre[43]
y el siguiente libro de la Quête du
Graal respectivamente. En
estos textos nuestros personajes de Lancelot y Galaad acusan similares características
que ya hemos visto en Amadís y Esplandián. Lancelot es un caballero perfecto
según el “código cortés”,[44] pero desde el punto de
vista ético y religioso es culpable de adulterio con la reina Ginebra y, por lo
tanto, no le es permitido conocer los más sutiles misterios del Graal. Éstos
son destinados a sucumbir y revelarse a su hijo Galaad quien al final consigue
ser iniciado en ellos. Por aquí podría trazarse la analogía con la pareja
Amadís – Esplandián. Amadís, el mejor
caballero del mundo, por su vida caballeresca demasiado profana y
vanagloriosa (sus relaciones carnales con Oriana antes del matrimonio público no pueden calificarse como adulterios dado su
muy temprano matrimonio secreto, una
institución oficial hasta el Concilio de
Trento que legalizaba tales relaciones) no puede desempeñar papel de un
caballero cruzado, propagador de la fe cristiana y debe ceder el paso a su hijo.
Montalvo considera su caballería tan lejana del ideal cristiano que ni siquiera
perpetúe la cadena lógica del oficio de armar caballero Pelión – Amadís
– Esplandián y deja que a Esplandián al final del libro IV del Amadís
arme caballero el gigante Balán por mandado de la maga Urganda. Trata así
de desconectar la línea que une a Amadís con Esplandián para poder adjudicar
a este último el papel de un caballero “cathólico
y virtuoso”,[45]
casi un evangelizador. Samuel Gili y Gaya a propósito de esto afirma que
Esplandián asume la “idea de la cruzada”
frente a las vanagloriosas empresas terrestres de su padre.[46] Cacho
Blecua y, sobre todo, Emmanuéle Baumgartner resumen este cambio refiriéndose a
dos niveles de caballería. Una, caballería
terrestre, representada por Lancelot y Amadís que viene reemplazada por la caballería
celestial encarnada por Galaad o Esplandián.[47] 6. Conclusiones En
los cuatro apartados anteriores he tratado de exponer e ilustrar la tesis
inicial de un cambio significativo en la percepción de la caballería en los
dos textos seguidos de Garci Rodríguez de Montalvo Amadís
de Gaula y Las Sergas de Esplandián.
He apoyado esta tesis con citas de los pasajes más ilustrativos de ambos textos
y espero que haya conseguido evidenciar que las imágenes que Montalvo da al
lector de sus dos principales protagonistas son profundamente diferentes. El
autor o, en este caso sería mejor decir, refundidor presenta a Amadís como a
un caballero de tipo bretón o arturiano (al
fin y al cabo una parte de la Pequeña Bretaña es su lugar oriundo) que se
esfuerza en sus aventuras ente todo para conseguir el honor militar y en relación
con este la merced de su predilecta dama amada. A Esplandián Montalvo no
obstante describe como al caballero sumamente “cathólico y virtuoso”, indoctrinado en su juventud por un “santo
ermitaño” en la fe cristiana, deseoso solamente de combatir los enemigos
de ésta y huir (una actitud que sería considerada innoble en el mundo del Amadís)
ante escaramuzas con otros caballeros cristianos. Al
final he querido proyectar esta polaridad en la análoga relación entre
Lancelot y Galaad en al Vulgata francesa.
En ambos casos nos encontramos con dos conceptos de la caballería. Con el de la
caballería terrestre, mítica y
originalmente pagana de Lancelot y Amadís, y la caballería celestial, enteramente dedicada al ideal de la fe
cristiana y de su amparo y propagación. Espero
que en mis explicaciones y ejemplos haya conseguido sostener satisfactoriamente
las tesis expuestas. Literatura citada: Gayangos,
Pascual, Libros de caballerías, BAE,
XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963) Garci Rodríguez
de Montalvo, Amadís de Gaula, II
vols., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991 Rodríguez de Montalvo, Garci, Amadís
de Gaula, II vols., ed. Juan Bautista Avalle-Arce, Madrid, Espasa-Calpe,
Colección Austral, 1991 Riquer, Martín de, Caballeros
andantes españoles, Madrid, Espasa-Calpe, 1967 Riquer, Martín de y
Valverde, José María, Historia de la
Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991 Riquer, Martín de, Cervantes
y la caballeresca in Suma cervantina,
London, Tamesis, 1973 Viňa Liste, José María, Textos medievales de caballerías, Madrid, Cátedra, 1993 Avalle-Arce, Juan Bautista ,„Amadís
de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990 Gili y Gaya, Samuel, «Las Sergas de Esplandián como crítica de la
caballería bretona», BBMP, XXII (1947), p. 103-111 Juan Manuel Cacho Blecua, Amadís:
heroísmo mítico cortesano, Cupsa/Universidad de Zaragoza, Madrid, 1979 Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O,
Bordas, Paris, 1984 [1]
Rodríguez de Montalvo, Garci, Amadís
de Gaula, I vol., edición Juan Bautista Avalle-Arce, Madrid, Espasa-Calpe,
Colección Austral, 1991, p. 88 [2]
Riquer, Martín de, Caballeros
andantes españoles, Madrid, Espasa-Calpe, 1967 [3]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, II vols., ed. de Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra,
1991 [4]
Pascual Gayangos, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s. d.? (reprint 1963) [5]
Utilizaré este término
igualmente con el de los libros de
caballerías como sinónimos, conciente pero de la matización propuesta
por Martín de Riquer entre los géneros de los libros
de caballerías y de las novelas
caballerescas: los primeros sumamente ficticios, inverosímiles por su ambientación,
personajes y hechos y las otras que están situadas en lugares reconocibles
y transcurren en tiempos casi contemporáneos a su redacción. (Martín de
Riquer y José María Valverde, Historia
de la Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991, p.478 o en
otro lugar: M. de Riquer, Cervantes y
la caballeresca in Suma cervantina,
London, Tamesis, 1973, pp. 274-278 [6]
Thrésor de tous les livres d‘Amadis
de Guale, dernière éd., 2 vols., à Lyon pour Jean-Antoine Hugueton,
1606 cito por Baret, Eugène, L‘Amadis
de Gaule et Son influence sur les moeurs et la littérature au XVIe et au
XVIIe siècles, Paris, 1873 (Slatkine Reprints, Genève, 1970), p. 130 [7]
Por ejemplo Martín de Riquer aduce que existen testimonios escritos los
cuales afirman que en 1372 el príncipe heredero y duque de Gerona, futuro
Juan I de Aragón, tenía en su jauría un perro llamado Amadís. (Martín
de Riquer y José María Valverde, Historia
de la Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991,
p. 482 sqq.) [8]
Viňa Liste, José María, Textos
medievales de caballerías, Madrid, Cátedra, 1993,
p. 404 [9]
Avalle-Arce, Juan Bautista, „Amadís
de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990 [10]
Avalle-Arce, Juan Bautista, „Amadís
de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990 [11]
Cacho Blecua anota que bajo el término componedor hay que entender autor,
aunque, añade luego, en el contexto de imprimería podría denominar al tipógrafo
o impresor. Además el término escriptor
tenía entonces el significado de un
escribano, un amanuense, o sea un copista (Garci Rodríguez de Montalvo,
Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan
Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 224, nota 28). [12]
ib., p. 224 [13]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), capítulo
XXIX, p. 435 [14]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
p. 1302 [15]
La muy difícil interpretación moderna de la institución del matrimonio
secreto, que tiene un gran papel en nuestra obra, y de su percepción histórica
antes y después del Concilio de
Trento (1545 - 1563) dejaré aparte puesto que su vínculo con mi análisis
es solamente marginal. [16]
Cfr. Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
capítulo IV, p. 277 [17]
ib., p. 269 [18]
ib., p. 270 [19]
ib., p. 362-363 [20]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
capítulo XVII, p. 422 [21]
ib. [22]
ib., cap. XVIII, p. 423 [23]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
XLVI, p. 690 [24]
ib., LXI, p. 863 [25]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
cap. XXII, p. 471 [26]
ib. [27]
ib. XXII, p. 473 [28]
ib. [29]
Juan Manuel Cacho Blecua, Amadís:
heroísmo mítico cortesano, Cupsa/Universidad de Zaragoza, Madrid,
1979, p. 384 [30]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. II, p. 406 [31]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), II, p. 406 [32]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
cap. VI, p. 410 [33]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. VI, p. 410 [34]
ib., cap. VIII, p. 415 [35]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. VIII, p. 413 [36]
ib., cap. XLIII, p. 449 [37]
ib., XLIII, p. 450 [38]
ib., XLIII, p. 449 [39]
Gayangos, Pascual, Libros de caballerías,
BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. XLIII, p. 449 [40]
ib., III, p. 406 [41]
ib. [42]
Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O,
Bordas, Paris, 1984, p. 1206 y Garci
Rodríguez de Montalvo, Amadís de
Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p.
28, 53 [43]
Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O,
Bordas, Paris, 1984,
p. 1205 [44]
ib., p. 1206 [45]
Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís
de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991,
p. 1302, Prólogo al libro IV [46]
Gili y Gaya, Samuel, «Las Sergas de Esplandián como crítica de la
caballería bretona», BBMP, XXII (1947), p. 103-111 cito por Garci Rodríguez
de Montalvo, Amadís de Gaula, I
vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 53 [47]
Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O,
Bordas, Paris, 1984, 1206; Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra,
1991, p. 28, 53 |
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