Los diferentes conceptos de caballería en el Amadís de Gaula y Las Sergas de Esplandián.


In La literatura y la sociedad iberoamericanas vistas desde Praga. Ed. J. Prokop. Prague : Univerzita Karlova, 2001, pp. 97-112.
Josef Prokop

1.      Introducción

 

El presente trabajo pretende analizar las diferencias en el concepto de la caballería tal como la representan dos libros de caballerías redactados a finales del siglo XV Los cuatro libros del esforçado et virtuoso cauallero Amadís de Gaula y Las Sergas de Esplandián, ambos del puño de Garci Rodríguez de Montalvo.

  En estos textos quisiera ocuparme de la cambiante percepción del caballero, primero concebido como un guerrero cortés en busca de aventuras que desea mediante ellas conseguir la gloria en armas y la merced de su amada. Y luego como un guerrero en la incesante cruzada por la fe cristiana. Más explícitamente diría que en ambos casos es la actividad caballeresca comprendida como un servicio. Un servicio a la dama amada de la que espera obtener su merced y amor en el primer texto y un servico a la fe cristiana con el que el caballero espera la vida eterna en el segundo. Se trata de un cambio esencial en la visión de la caballería que también podría definirse como una paulatina transformación de la novela de un tipo arturiano o de la influencia del ciclo bretón en general, a un texto con importantes momentos de religiosidad, "ambiente divino", como afirma Avalle-Arce.[1] Esta mutación es bien lógica si la consideramos en el contexto de la época en la cual Montalvo trabajaba sobre sus textos. Es el momento de ocaso de la Edad Media y de sus instituciones. Algunas de las cuales, como la caballería, se subliman de su brutal, cruda realidad en una realidad puramente literaria. (Dejemos aparte los caballeros  andantes que salían, tal como más tarde lo hará Don Quijote, practicar en el mundo real los ideales que entonces ya tenían sólo valor literal. Detallado libro de Martín de Riquer los Caballeros andantes españoles[2] ofrece una análisis exhaustiva.) En nuestros textos Amadís de Gaula y los caballeros de su círculo encarnan, según creo, casi perfectamente el primer menciondado concepto y, sobre todo, el personaje de Esplandián en Las Sergas el segundo. Además me parece interesante la comparación de dos textos entrelazados entre sí (aunque uno de ellos solamente refundido del original precedente) de un mismo autor y redactados en un período de tiempo cercano.

 

En cuanto a la estructura del presente trabajo, pretendo ofrecer pasajes ejemplares de ambos textos para apoyar la conjetura que acabo de expresar. Esto lo haré en los apartados 3 y 4 del trabajo y a continuación en el apartado 5 quisiera proponer algunas analogías entre las parejas paralelas de Amadís – Esplandián y Lancelot – Galaad de la Vulgata arturiana francesa. Antes de todo pero creo oportuno dedicar el apartado 2 a la “protoversión” de las aventuras de Amadís llamada el Amadís primitivo que presenta interesantes alteraciones en la percepción de la caballería y, por eso mismo, me parece provechoso mencionarla también.

 

Los textos de base para mi estudio serán la refundición de Los cuatro libros del esforçado et virtuoso cauallero Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo en su edición zaragozana del año 1508, tal como la edita modernamente Cacho Blecua[3]. En continuación me siempre referiré a ella como al Amadís o a los Libros de Amadís de Gaula. Y en cuanto al texto de Esplandián utilizaré la edición de libro de Las Sergas de Esplandián que me ha sido accesible en la colección de la Biblioteca de Autores Españoles, es decir la de Pascual Gayangos en el tomo XL denominado Libros de caballerías en su reprint del año 1963[4] la cual siempre citaré como Las Sergas.

 

 

2. La antigua versión de las aventuras de Amadís en el Amadís primitivo

 

Muchos autores, Miguel de Cervantes es uno de ellos, afirman a través de los siglos que Amadís de Gaula es la mejor novela de caballerías[5] escrita en castellano. Sus numerosas continuaciones en la progenie de Amadises ascendientes del primero y derivaciones como el Thrésor de tous les livres d’Amadis de Gaule,[6] un manual de la educación cortesana francesa, lo atestiguan claramente. No obstante, la fama de sus aventuras es incluso anterior al libro escrito por Garci Rodríguez de Montalvo a finales del siglo XV e imprimido en Zaragoza en 1508. Las menciones de nombres idénticos a los de protagonistas en documentos históricos indican que su existencia remonta al siglo XIV o quizás antes.[7] No hay que olvidar tampoco la posibilidad de que se trate de una novela originalmente escrita en portugués o gallego.

 

En realidad el regidor de Medina del Campo, Garci Rodríguez de Montalvo, es solamente autor de una versión modernizada de las aventuras. Lo comprueban fragmentos conservados de un texto del Amadís precedente. Avalle-Arce fecha su redacción hacia  1290 y Martín de Riquer como anterior a 1386.[8] Ésta, según el libro de Avalle-Arce Amadís de Gaula: el primitivo y el de Montalvo[9] representa la trama principal de los libros I – III del Amadís. Mientras que sus libros IV y luego Las Sergas, o el libro V del Amadís, considerado no obstante independiente, son en su mayor parte frutos del ingenio de Montalvo mismo.

 

Toda esta división es, de todas maneras, bastante académica puesto que, como ya he dicho, de la versión primitiva del Amadís se conocen hoy en día solamente unos pocos pasajes. Junto con el trozo descubierto en 1953, no son más que unas columnas de 6-10 letras de palabras mutiladas. Añadidas a la edición del Amadís de Avalle-Arce, ocupan menos de diez páginas. Por lo tanto, no pueden servir de una base seria para la análisis general del Amadís primitivo. Éste se reconstruye a partir de los esquemas internos dentro de la refundición de Montalvo. Como bien demuestra Avalle-Arce en su mencionado libro dedicado a este tema[10] muchos de los episodios y situaciones de la versión de Montalvo se han conservado en ésta casi incambiados. Son tales que actualmente causan el mayor asombro y curiosidad en la lectura del Amadís por su poca compatibilidad con la atmósfera del texto reformado.

 

Hago el hincapié en estas dos versiones sobre todo porque precisamente estos aludidos pasajes que presentan diferentes evoluciones de algunos episodios conciernen significativamente el tema del presente trabajo. Ya en estas variantes podemos percibir la voluntad de Montalvo que trata de adaptar la novela al modo de pensar en sus tiempos. Como si estuviésemos ante tres niveles de visión de la realidad caballeresca. Primero encontramos la que se nutre y estriba profundamente en los paradigmas de la materia de Bretaña, esto son los episodios del Amadís primitivo. Segundo podemos contemplar el concepto de caballería como un servicio a los que son por razones de injusticia en necesidad de amparo, pero, ante todo, como un servicio a la amada, dama del caballero. Este principio encarna perfectamente el Amadís. Y la tercera forma de caballería que sigue siendo servicio, sin embargo, esta vez se trata de una verdadera “militia christi”, un servicio incondicional a la iglesia católica, imagen de caballería que nos ofrece Montalvo en el personaje de Esplandián.

 

Antes de analizar pero los conceptos de caballería en torno a los personajes de Amadís y de Esplandián, veamos un poco el primer eslabón en la evolución de la caballería en la historia de los descendientes de Pelión. Examinemos las peculiaridades de la percepción de caballería en el Amadís primitivo.

 

Como he dicho ya, se trata solamente de unas tantas alteraciones de algunos episodios en el Amadís en las cuales Avalle-Arce reconoce la textura del Amadís primitivo.

 

Y son precisamente estos pasajes que se convierten en muy interesantes desde el punto de vista de la presente análisis. Montalvo ya en el Prólogo a su refundición explica que emprendió su trabajo para “corregir”, como dice, el texto de los libros de Amadís

 

“…que por falta de los malos escriptores, o componedores[11], muy corruptos y viciosos se leían…”[12]

 

Y lo hizo también mediante algunos cambios significativos en la trama general de la novela. Los cambios conciernen sobre todo los episodios poco compatibles con el concepto de la caballería tal como la quería ver el final del siglo XV. No pudiendo pero omitir algunos episodios por ser éstos harto conocidos, utiliza varias medidas para imponer su versión. Uno de estos recursos estriba en relatar o aludir a un episodio afirmando a la vez que, en realidad, aconteció de otra manera. Como es obvio, sobre todo gracias a estas menciones, pueden los estudiosos topar con esquemas o motivos del Amadís primitivo.

 

Para este estudio es importante que Montalvo partía de un texto o de una tradición que se asemejaba, mucho más que el texto que luego escribió, al mundo de la mitología bretona. Y que “corrigiendo” estas historias para el gusto del lector del final del siglo XV en los primeros 2 ó 3 libros del Amadís omitió algunos episodios inaceptables desde la perspectiva de su época, conservando todavía al mismo tiempo, las bases tradicionales de la caballería. En los dos últimos libros y en Las Sergas ya trata de introducir personajes y situaciones que representan un otro tipo de caballería, la caballería cristiana. Aunque muchos rasgos pueden discernirse ya en el IV, o incluso III libro del Amadís, y como explica Avalle-Arce, Montalvo reforma la novel intercalando nuevos episodios entre los originarios así que la línea divisoria entre la historia original y elementos introducidos nuevamente no puede ponerse entre los tres primeros libros y los restantes o entre el Amadís y el Esplandián, sino ésta va dentro del texto entero de todos cinco libros, entiéndase en las partes que ideó él mismo.

 

Los restos del Amadís primitivo en el texto de Montalvo pueden verse por ejemplo en dos episodios que Montalvo recoge y los depura utilizando diferentes medidas. Se trata de las dos batallas mortales protagonizadas por caballeros enlazados por relaciones familiares. Como es bien sabido, el tema de parricidio o fratricidio es muy frecuente en la mitología bretona.

 

En cuanto al fratricidio, Avalle-Arce cree que en el Amadís primitivo graduó la oposición de cualidades y características entre el fiel y modesto amante Amadís y su más impulsivo y, sin duda, menos casto hermano Galaor a tal punto que desembocó en una batalla mortal entre los dos. En ella probablemente Amadís dio muerte a su hermano, lo que puede corroborarse con el hecho de que a continuación la historia ofrece solamente menciones parciales e indirectas de Galaor. Los cuales son, según opina Avalle-Arce, meras añadiduras de Montalvo. El refundidor tuvo que inserirlas si quería cambiar el destino de Galaor ya que resultaría poco lógico que en los dos últimos libros del Amadís no se hiciese mención del segundo más grande caballero del mundo y además hermano carnal del protagonista.

 

Un cambio significativo representa también el desenlace de la batalla entre Amadís y Esplandián. Montalvo lo sitúa ya en Las Sergas (cap. XXVIII, p. 435), y esto no contradice la hipótesis que ésta pertenezca a la trama del Amadís primitivo, puesto que, como ya he aducido, Montalvo usa los esquemas del Amadís primitivo a través de todos los cinco libros del Amadís. Amadís, instigado por la creciente fama de su hijo y el olvido de la suya le desafía al pasar un puente (cap. XXVIII, pp. 433-434) y Esplandián, no sabiendo que se trata de su padre, se ve forzado aceptar la batalla. Después de una lucha despiadada Esplandián vence a Amadís el cual se rinde, pero quedan ambos seriamente heridos. No obstante, como ya he señalado, Montalvo elimina el duro trance que significaría la muerte de Amadís y comenta su retoque así:

 

“Pasó esta cruel y dura batalla, así como ya habeis oido, entre Amadís y su hijo, por causa de la cual algunos dijeron que en ella Amadís de aquellas heridas muriera, y otros que del primer encuentro de la lanza, que las espaldas le pasó. Y sabido por Oriana, se despeño de una ventana abajo. Mas no fué así, que aquel gran maestro Elisabar le sanó de sus llagas, (…) pero la muerte que de Amadís sobrevino no fue otra, sino que quedando en olvido sus grandes hechos, casi como so la tierra, florecieron las del hijo con tanta fama, con tanta gloria, que á la altura de las nubes parecian tocar.”[13]

 

Podemos observar como Montalvo refuta la solución parricida tan esencial en la tradición bretona y arturiana (me refiero sobre todo a la paralela lucha entre Artús y Mordred, tal como la cuenta por ejemplo La Mort le roi Artu de la Vulgata arturiana) y la pretende sustituir por una explicación o interpretación figurativa y espiritual. Creo que son obvias las razones de esto. Dejando a parte el rechazo rotundo de lucha entre caballeros cristianos que se lee muy frecuentemente en Las Sergas, Montalvo se esfuerza en formar la imagen de Esplandián como un caballero “cathólico y virtuoso”, como lo anuncia en el Prólogo al libro IV del Amadís.[14] Y por eso no puede permitir que cometa un pecado tan grave. Si así fuese, Esplandián perdería naturalmente la gracia divina y muy difícilmente se le podría atribuir el papel del más cristiano entre los caballeros. Sería similarmente tachado como por ejemplo Lancelot por su pecado de adulterio y tendría que ceder su puesto a un otro Galaad. Esto pero no es la intención de Montalvo quien refunda la novela, tal como expondré más tarde, reservando para Esplandián el papel casi redentórico, por lo menos de cierta manera, equivalente al de Galaad en la Vulgata. Y será Amadís, al cual Montalvo adjudica un papel similar del de Lancelot. Ser loado como “solamente” el mejor caballero del mundo. Entiéndase del mundo secular.

 

 

3. La caballería en el Amadís de Gaula

 

El personaje de Amadís y el mundo que lo rodea en los textos de sus libros será el objetivo de esta tercera parte de mi análisis. Voy a enfocarme solamente en el aspecto de la motivación y la justificación de la actividad caballeresca. Pretendo hacer patente, como ya he expuesto, que la actividad caballeresca de él y de otros de su círculo tiene su eje y su motor en el amor hacia la dama amada.

 

Más abajo pretendo ilustrar con ejemplos del texto que, en la mayoría de los casos, todas las aventuras que emprenden los caballeros en el Amadís, lo hacen impulsados por deseos de una exaltación personal, por la fama caballeresca. Lógicamente, tal como lo fijan las reglas del género, este empeño sirve, sobre todo, como una condición y presupuesto para lograr el amor y, a veces, como en nuestro estudiado texto, la posesión legal de la dama amada en el matrimonio público[15]. Éstas son las características que pueden encontrarse desde el comienzo de la vida caballeresca del joven Amadís. El momento de su investidura del caballero, por su brusquedad, no explica mucho,[16] pero unas páginas antes, precisamente después del pasaje clave que describe el nacimiento del amor de Amadís hacia Oriana, amor que “turó quanto ellos turaron[17], Amadís (llamado entonces por su origen el Donzel del Mar) delibera la idea de convertirse en caballero precisamente para ganar el aprecio de su amada:

 

“Pues passando el tiempo, como os digo, entendió el Donzel del Mar en sí que ya podría tomar armas si oviese quien le hazer cavallero; y esto desseava él considerando que él sería tal y haría tales cosas por donde muriese, o biviendo su señora le preciaría.”[18]

 

(El final de este pasaje, quizás, presente varias opciones para la interpretación. Cacho Blecua ni Avalle-Arce no lo explican, pero si leemos el párrafo juntamente con el ya aludido pasaje referente al primer reconocimiento del amor hacia Oriana, me parece muy probable que la lectura sea que Amadís como caballero haría tales cosas o sea, hazañas, por las cuales, aunque muriese o no en su transcurso, su señora le preciaría.) Así que, repitiendo una vez más, las razones por las cuales Amadís desea convertirse en un caballero son llevar a cabo grandes proezas y conseguir así el aprecio de Oriana.

 

Similarmente puede verse la motivación que lleva a Amadís la batalla judicial con Dardán el Soberbio en el capítulo XIII. Amadís es al principio ultrajado por Dardán cuando éste le niega hospitalidad en su fortaleza y luego llega a saber que este mismo caballero mantendrá dentro de poco una batalla judicial para injustamente desapropiar bienes de una dama. Comparemos el pasaje que pone en relieve el razonamiento del héroe:

 

“Amadís fue muy alegre con estas nuevas porque el cavallero fuera contra él sobervio y que podría vengar su saña teniendo d[e]recho y porque la batalla se faría delante su señora Oriana…”[19]

 

Las razones que inculcan a Amadís de combatirse con Dardán son el deseo de “vengar su saña” y la oportunidad de mostrar su valentía ante Oriana. Es curioso comprobar que ni en este pasaje, ni en todo el capítulo dedicado al episodio de la batalla con Dardán, no se menciona explícitamente que Amadís emprendiese esta aventura para defender la dueña injustamente agredida. (Algo que sí se manifiesta en relación con otras aventuras similares.)

 

Debo adelantar también que la interpretación de varias menciones del ayudo divino y del nombre de Dios concernientes la batalla judicial de este capítulo es sólo secundaria. No cabe la menor duda de que estos personajes son buenos cristianos y esperan la ayuda de Dios en favor de la justa causa contra la injusta. Y que, incluso, Amadís defendiendo a una mujer desamparada contra una reivindicación sin derecho obra como un verdadero cristiano. De hecho pero, las causas expresadas y deliberadas por el héroe de mantener el partido de la dama son, como ya he mencionado, la saña contra el otro caballero y el hecho que la batalla tendrá lugar ante los ojos de Oriana. No creo que en cualquier sentido puedan interpretarse estas menciones de Dios como paralelas a las en Las Sergas de Esplandián donde las aventuras y combates de Esplandián se efectúan ya desde el principio por la causa divina en lucha contra los infieles, tal como lo expondré más detalladamente en el apartado 4.

 

Veamos pero otros pasajes. Comparemos por ejemplo una situación clásica en los libros de caballerías. Amadís, al entrar en una valle, topa con un escudero que le dice:

 

“Señor cavallero, no passéis más adelante si no otorgáis que es más fermosa la amiga de aquel cavallero que al pino es acostado que la vuestra.”[20]

 

Y Amadís le responde:

 

“Si Dios quisiere (…) tan gran mentira nunca otorgaré si por fuerça no me lo hazen dezir o la vida no me quitan.”[21]

 

Y estas palabras, por más modestas que parezcan, suscitan en el caballero mantenedor una reacción airada y natural, según el código caballeresco:

 

“- Cierto, cavallero, gran locura hezistes en no otorgar lo que vos demandaron, que vos havréis a combatir comigo.

- Más me plaze desso – dixo Amadís – que de otorgar la mayor mentira del mundo.

- Y yo sé – dixo el cavallero – que lo otorgaréis in otra parte donde vos será mayor vergüença.”[22]

 

Y esta conversación desembocará en una despiadada batalla singular entre los dos caballeros. No creo que haya otro ejemplo mejor de la exagerada observancia del honor caballeresco que con razón podían los coetáneos de Montalvo considerar como una vanagloria mundana.

 

En otro pasaje, ya un poco más adelante en la obra, podemos comprobar cuán estrecho fue el vínculo entre el favor de la dama y las fuerzas del caballero. En el cap. XLVI del Amadís, a principios del famoso episodio de la penitencia amorosa que Amadís pasará bajo el nombre de Beltenebrós (o Beltenebrós en otras ediciones), éste topa con Patín, futuro emperador de Roma, que cabalga cantando de alta voz sobre su amor a Oriana. El escudero de Amadís, Gandalín, instiga a su amo que combata con Patín y “le faga conoscer su locura”, pero Amadís le responde:

 

“¡Cómo eres loco en esto que dices!; e sábete que no tengo seso, ni coraçón, ni esfuerço, que todo es perdido cuando perdí la merced de mi señora, que della y no de mí me venía todo…”[23]

 

Aquí tenemos una clara afirmación: la caballería se hace para servir a la dama de la cual, al mismo tiempo, proviene el esfuerzo, la virtud caballeresca de enfrentarse con grandes peligros. Si el caballero pierde el favor de su dama, vale “cuanto un cavallero muerto”, como dice Amadís unas líneas más abajo. Luego, a la hora de analizar las actitudes de Esplandián, mostraré que éste, a diferencia de Amadís, pronuncia muchas veces que sus fuerzas y virtudes provienen de Dios.

 

De una manera semejante vemos expresadas las razones y justificación de una aventura del cap. LXI, donde Amadís combatirá Ardán Canileo que tiene presos a dos caballeros de la corte del rey Lisuarte, a Arbán de Norgales y a Angriote de Estraváus. Allí una donzella gigante exige de Amadís que sea él quien luchará con Ardán y Amadís le responde:

 

“Buena donzella, de me yo aventurar por tales dos amigos, y porque el señorío del Rey sea acrescentado, cosa justa es…”[24]

 

Otra vez las causas que llevan Amadís a probar la aventura son los deberes vasalláticos y el anhelo de la exaltación personal en el servicio a su señor.

 

En cuanto a otros caballeros de la novela, veremos enseguida que se precipitan en aventuras caballerescas por muy semejantes razones. Por ejemplo, Galaor, hermano de Amadís, combate con él, ignorando su identidad, solamente porque ha prometido un “don”. Se trata, como en muchas otras ocasiones en la literatura caballeresca, de un don contraignant; una promesa de cumplir algo en el futuro sin saber qué será el objeto de la petición.

 

El objeto del don prometido, a una donzella en este caso, es la cabeza del enano de Amadís. Al cual, naturalmente, Amadís defiende contra su desconocido hermano, primero con estas palabras:

 

“-¿Qué es esso, señor cavallero?; ¿por qué me queréis matar mi enano?; no fazés como cortés en meter mano en tan cativa cosa; demás ser mío, y no me lo aver demandado a derecho; no pongáis mano en el, que amparároslo he yo.”[25]

 

Galaor le responde así:

 

“-De vos lo amparar (…) me pesa; mas todavía conviene que la cabeça le taje.”[26]

 

Y los caballeros luchan sin que ni uno ni el otro sepan bien por qué. Aunque, según la óptica caballeresca, la lucha tiene razones legítimas: Amadís defiende a su vasallo y Galaor solamente cumple la promesa, el don aludido, que está vinculada con su honor. En realidad, toda esta peripecia es artimaña de una doncella maléfica. Ésta explica a un tercer caballero las razones de la batalla que se desarrolla ante sus ojos:

 

“… aquel (…) ha nombre Amadís; y este otro con quien se combate se llama Galaor, y matóme el hombre del mundo que yo más amava, y teníame otorgado un don, y yo andava por gelo pedir donde la muerte le viniesse; y como conoscí al otro cavallero, que es el mejor del mundo, demandéle la cabeça de aquel enano: assí que este Galaor, que muy fuerte cavallero es por me la dar, y el otro por la defender, son llegados a la muerte, de que yo gran gloria y plazer recibo.”[27]

 

El honor que queda como un gaje de la promesa del caballero, aunque se trate de un don contraignant, es el valor más preciado. Por eso la única manera como puede Galaor ser quitado de cumplirla, es la muerte de la doncella. Y, en efecto, así sucederá a continuación cuando el tercer caballero…

 

“… diole un golpe tal en el pescueço, que la cabeça le fizo caer a los pies del palafrén…”[28]

 

Tal como el honor y lealtad, el engaño y la traición son cualidades absolutas y, a la vez, extremos opuestos y los últimos merecen un castigo despiadado.

 

 

4.  La caballería en Las Sergas de Esplandián

 

La narración correspondiente a Esplandián no se limita sólo a “su” libro de Las Sergas de Esplandián o el V libro añadido a los cuatro anteriores por la mano de Montalvo. Esplandián nace ya al principio del libro III del Amadís y aunque no desarrolla ningunas aventuras caballerescas (por el simple hecho que llega a la edad propicia y es armado caballero solamente al final del libro IV del Amadís) pasa peligros y peripecias que serán significativos para su vida futura.

 

Su carrera caballeresca empieza al comienzo de Las Sergas de Esplandián y, al mismo tiempo, observamos la gradual pero irreversible caída de la fama de su padre Amadís. Ahora en este apartado querría hacer patente sobre todo el cambio más visible y esencial de la concepción de la caballería.

 

Montalvo desde el primer momento no deja lugar para dudas que Esplandián ya no ejerce la caballería únicamente como un servicio a su dama (aunque este elemento cortés siempre tiene un papel importante), sino como un servicio al Dios. Cacho Blecua por ejemplo aduce que ya antes de que Esplandián naciese la maga Urganda lo comparaba con el unicornio, un animal que en los bestiarios medievales suele identificarse con Jesucristo, es decir el Salvador, el Redentor.[29]  Esplandián desde sus primeros hechos caballerescos expresa explícitamente el fin de su quehacer. Así lo pronuncia en su largo parlamento el comienzo de Las Sergas a Sargil, su escudero:

 

“Y si á Dios plugiere que mi deseo se cumpla, tú verás que cuanto mis obras serán mas diversas de las de los otros, tanto serán mas dignas de alcanzar el galardon de aquel que darlo puede.”[30]

 

En estas palabras bien reconocemos el espíritu caballeresco reformado (aunque mochos años antes de la Reformación) hacia la devoción cristiana. Esplandián cree que hay que realizar otras hazañas, tales que sirvan al Dios y huir de lo que rellena los cuatro anteriores libros del Amadís y también muchas páginas de Las Sergas que tratan de otros caballeros, que es casi la esencia de la vida caballeresca en su tradición anterior, la vana lucha entre cristianos.

 

Según la concepción de la nueva caballería los cristianos no deben guerrear entre sí por vanaglorias, sino enfocar su esfuerzo contra los que amenazan la fe cristiana. De una manera directa lo exprime el sujeto narrativo al final del ya citado capítulo II:

 

“Y asi fué como este caballero lo dijo; porque sus grandes caballerías, que en su tiempo par no tuvieron, fueron contra los paganos enemigos de la santa fe católica; que poco tiempo habia pasado que era establecida…”[31]

 

Y no faltan otros ejemplos. Ya en la primera aventura importante de Esplandián (que representa el entrelazamiento entre el IV libro del Amadís y Las Sergas) la de la liberación del rey Lisuarte, Esplandián debe vencer a tres desmesurados gigantes que tienen preso a Lisuarte en su castillo. Esplandián percibe esta aventura como un deber que le encargó Dios en su destino. Ya desde finales del Amadís nos enteramos mediante la profesión de Urganda la Desconocida que encontrar y liberar a Lisuarte sólo a Esplandián “por su especial gracia le es permitido.[32] Y así lo pronuncia él mismo invocando a Jesucristo antes de vencer el segundo de los gigantes, Furión:

 

“Señor Jesucristo, ayúdame contra este diablo enemigo tuyo, que sin tí poco para le empecer bastarian mis fuerzas.”[33]

 

Recordemos ante este ejemplo similares pasajes del Amadís (algunos citados en nuestro apartado 3) donde el protagonista llama en su ayuda la imagen de su amada. Significativa aquí resulta también la denominación del gigante como diablo. En el libro de Las Sergas aparece en esta relación muchas veces y la mencionaré también en un otro paso.

 

En esta aventura es Esplandián presentado como un evangelizador. Antes de vencer completamente al tercer gigante Matroco, deseando no quitarle la vida, le ofrece dejar la batalla si éste acepta la ley cristiana y promete emprender luego la guerra contra los infieles. Matroco al principio rechaza, pero después de un golpe del cual parece que a Esplandián guardó el mismo Dios, acepta diciendo:

 

“Caballero, agora conozco ser verdad lo que dijiste, que no de tí viene el esfuerzo, mas de aquel en quien es la verdad y el poder…”[34]

 

(Otro pasaje significativo para la comparación con el Amadís. Para él todos sus atributos caballerescos seso, coraçón y esfuerço provenían de su señora, como he aducido en el apartado 3.) Aquí Esplandián parece ser protegido por la mano de Dios cuando sirve como realizador de su voluntad. Anteriormente le respondía a Martoco hablando de otros gigantes, parientes suyos, que Esplandián ya había matado:

 

“Estos que dices que yo maté, matólos su gran soberbia y crueles obras; que ya el Redentor del mundo, enojado dellos, no quiso sufrir sus maldades, y quiso que aquí algo dellas pagasen…”[35]

 

En continuación comparemos por ejemplo el capítulo XLIII donde Esplandián vence a dos soberbios gigantes, sin duda paganos, que tienen un su prisión muchos cristianos, entre ellos también a Gandalín, ahora ya caballero, y Lasindo. Esplandián antes de acometer el gigante delibera así:

 

“Esplandian, que así lo vió con tan mal semblante y tanta soberbia, bien conoció que no era ese de aquellos que él rehusaba de se combatir con ellos, mas de los que habia de buscar á todas partes para los quitar, si pudiese, del mundo, donde no tenian otras obras sino hacer mal á los siervos de Dios…”[36]

 

Vemos aquí explícitamente la motivación de Esplandián. La soberbia y afrenta que le dirige el gigante antes de este pasaje no le suscitan deseo de defender su honra o fama, mas el deber de destruir tales enemigos de la fe. Lo que es otra diferencia ejemplar del concepto de la caballería del Amadís. Allí, en el citado (apartado 3) pasaje de la batalla con Dardán el Soberbio, Amadís, a diferencia de Esplandián, desea sobre todo “vengar su saña” y conseguir el aprecio de Oriana. Además, en las palabras “no era ese de aquellos que él rehusaba de se combatir con ellos” podemos reconocer dos aseguraciones. Primero que Esplandián se esforzaba de mantener el principio mencionado anteriormente de no enfrentarse con caballeros cristianos los cuales, siguiendo la tradición antigua, le desafiaban (como por ejemplo su propio padre Amadís en el capítulo XXVIII, p. 433-434) y él tenía que huir ante sus ataques. De esto mismo puede también deducirse que el gigante, en los libros del Amadís perteneciente a la progenie malvada y traidora, es en Las Sergas presentado como un pagano. Lo cual se complementa con la denominación ya aludida. Esplandián se refiere al gigante como a un “diablo desemejado[37] a como a la “hechura del diablo[38] y como tal le amenaza:

 

“Como tú eres hechura del diablo, así precias y tienes en mucho el esfuerzo y fuerzas corporales, creyendo que no pueden ser regidas ni gobernadas de aquel superior que las da y puede quitar. (…) que si esto en la memoria tuvieses, serias á la razon y miedo sojuzgado; mas no te deja aquel á quien tú sirves, (…) porque en la fin, (…) goce él del fruto de su trabajo, que será, perdiendo tú el cuerpo, llevarse él el ánima á los infiernos.”[39]

 

Un pasaje similar ya en balde buscaríamos entre los que pronuncian otros caballeros en los libros del Amadís anteriores. Parece ser un sermón, una doctrina que instiga a la siempre posible salvación. Precisamente a pasajes como este se refiere Montalvo en el capítulo II de Las Sergas cuando introduce al personaje de Nasciano, un ermitaño que educa a Esplandián. Montalvo con su presencia explica la “santa doctrina” que Esplandián enseña y que de otra manera necesariamente parecería ideada “de aquel que su historia escribió, ornándola y aderezándola porque bien paresciese.[40]

 

Lo cual es falso dice el autor ya que:

 

“…como este caballero fué criado de aquel santo hombre Nasciano (…) hasta la edad de siete ó ocho años (…) que en aqueste medio tiempo fué por él doctrinado y enseñado con tantas y tan dulces palabras (…) y asi le quedaron en la memoria escritas en sus entrañas, que nunca, por saña ni por ira que le viniese, las pudo en olvido poner.”[41]

 

No obstante, aunque por Nasciano bien “doctrinado y enseñado”, resulta muy inverosímil que Esplandián pronuncie estas palabras. Los cuales, de todas formas, bien caracterizan a un caballero “cathólico y virtuoso”, que Esplandián, bajo la hábil mano de Montalvo, es.

 

 

5. Paralelismo con Lancelot – Galaad

 

Como he tratado de ilustrar en los apartados anteriores, el concepto de la caballería en Los cuatro libros de Amadís de Gaula y en Las Sergas de Esplandián sufre cierta transformación. El ideal caballeresco representado originalmente por Amadís como un guerrero cortés se transmuta en ideal de caballero piadoso en el personaje de Esplandián.

 

En este quinto apartado quisiera advertir algunas similitudes entre las características de esta relación de Amadís – Esplandián y las que vinculan a Lancelot y a Galaad en la Vulgata arturiana francesa. Añado que estos paralelismos ya fueron esbozados por Emmanuéle Baumgartner y Cacho Blecua.[42]

 

La Vulgata francesa fue probablemente la más conocida y extendida versión de las aventuras de la materia de Bretaña. Transformada del verso en prosa para asemejarse al género de la historia, o sea la narración de hechos reales, exponía los mitos del círculo del mago Merlín, del rey Artús y sus caballeros, hasta el introducido tema de la búsqueda del Graal. Su parte que nos interesa en este estudio son los libros que cuentan las aventuras de Lancelot y Galaad, es decir el tercer libro de la Vulgata denominado por su editor Micha y por Emmanuéle Baumgartner Lancelot propre[43] y el siguiente libro de la Quête du Graal respectivamente.

 

En estos textos nuestros personajes de Lancelot y Galaad acusan similares características que ya hemos visto en Amadís y Esplandián. Lancelot es un caballero perfecto según el “código cortés”,[44] pero desde el punto de vista ético y religioso es culpable de adulterio con la reina Ginebra y, por lo tanto, no le es permitido conocer los más sutiles misterios del Graal. Éstos son destinados a sucumbir y revelarse a su hijo Galaad quien al final consigue ser iniciado en ellos. Por aquí podría trazarse la analogía con la pareja Amadís – Esplandián. Amadís, el mejor caballero del mundo, por su vida caballeresca demasiado profana y vanagloriosa (sus relaciones carnales con Oriana antes del matrimonio público no pueden calificarse como adulterios dado su muy temprano matrimonio secreto, una institución oficial hasta el Concilio de Trento que legalizaba tales relaciones) no puede desempeñar papel de un caballero cruzado, propagador de la fe cristiana y debe ceder el paso a su hijo. Montalvo considera su caballería tan lejana del ideal cristiano que ni siquiera perpetúe la cadena lógica del oficio de armar caballero Pelión – Amadís – Esplandián y deja que a Esplandián al final del libro IV del Amadís arme caballero el gigante Balán por mandado de la maga Urganda. Trata así de desconectar la línea que une a Amadís con Esplandián para poder adjudicar a este último el papel de un caballero “cathólico y virtuoso”,[45] casi un evangelizador. Samuel Gili y Gaya a propósito de esto afirma que Esplandián asume la “idea de la cruzada” frente a las vanagloriosas empresas terrestres de su padre.[46]

 

Cacho Blecua y, sobre todo, Emmanuéle Baumgartner resumen este cambio refiriéndose a dos niveles de caballería. Una, caballería terrestre, representada por Lancelot y Amadís que viene reemplazada por la caballería celestial encarnada por Galaad o Esplandián.[47]

 

6. Conclusiones

 

En los cuatro apartados anteriores he tratado de exponer e ilustrar la tesis inicial de un cambio significativo en la percepción de la caballería en los dos textos seguidos de Garci Rodríguez de Montalvo Amadís de Gaula y Las Sergas de Esplandián. He apoyado esta tesis con citas de los pasajes más ilustrativos de ambos textos y espero que haya conseguido evidenciar que las imágenes que Montalvo da al lector de sus dos principales protagonistas son profundamente diferentes. El autor o, en este caso sería mejor decir, refundidor presenta a Amadís como a un caballero de tipo bretón o arturiano (al fin y al cabo una parte de la Pequeña Bretaña es su lugar oriundo) que se esfuerza en sus aventuras ente todo para conseguir el honor militar y en relación con este la merced de su predilecta dama amada. A Esplandián Montalvo no obstante describe como al caballero sumamente “cathólico y virtuoso”, indoctrinado en su juventud por un “santo ermitaño” en la fe cristiana, deseoso solamente de combatir los enemigos de ésta y huir (una actitud que sería considerada innoble en el mundo del Amadís) ante escaramuzas con otros caballeros cristianos.

 

Al final he querido proyectar esta polaridad en la análoga relación entre Lancelot y Galaad en al Vulgata francesa. En ambos casos nos encontramos con dos conceptos de la caballería. Con el de la caballería terrestre, mítica y originalmente pagana de Lancelot y Amadís, y la caballería celestial, enteramente dedicada al ideal de la fe cristiana y de su amparo y propagación.

 

Espero que en mis explicaciones y ejemplos haya conseguido sostener satisfactoriamente las tesis expuestas.

 

 

Literatura citada:

 

Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963)

Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, II vols., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991

Rodríguez de Montalvo, Garci, Amadís de Gaula, II vols., ed. Juan Bautista Avalle-Arce, Madrid, Espasa-Calpe, Colección Austral, 1991

Riquer, Martín de, Caballeros andantes españoles, Madrid, Espasa-Calpe, 1967

Riquer, Martín de y Valverde, José María, Historia de la Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991

Riquer, Martín de, Cervantes y la caballeresca in Suma cervantina, London, Tamesis, 1973

Viňa Liste, José María, Textos medievales de caballerías, Madrid, Cátedra, 1993

Avalle-Arce, Juan Bautista ,„Amadís de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990

Gili y Gaya, Samuel, «Las Sergas de Esplandián como crítica de la caballería bretona», BBMP, XXII (1947), p. 103-111

Juan Manuel Cacho Blecua, Amadís: heroísmo mítico cortesano, Cupsa/Universidad de Zaragoza, Madrid, 1979

Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O, Bordas, Paris, 1984

 



[1] Rodríguez de Montalvo, Garci, Amadís de Gaula, I vol., edición Juan Bautista Avalle-Arce, Madrid, Espasa-Calpe, Colección Austral, 1991, p. 88

[2] Riquer, Martín de, Caballeros andantes españoles, Madrid, Espasa-Calpe, 1967

[3] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, II vols., ed. de Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991

[4] Pascual Gayangos, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s. d.? (reprint 1963)

[5] Utilizaré este término igualmente con el de los libros de caballerías como sinónimos, conciente pero de la matización propuesta por Martín de Riquer entre los géneros de los libros de caballerías y de las novelas caballerescas: los primeros sumamente ficticios, inverosímiles por su ambientación, personajes y hechos y las otras que están situadas en lugares reconocibles y transcurren en tiempos casi contemporáneos a su redacción. (Martín de Riquer y José María Valverde, Historia de la Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991, p.478 o en otro lugar: M. de Riquer, Cervantes y la caballeresca in Suma cervantina, London, Tamesis, 1973, pp. 274-278

[6] Thrésor de tous les livres d‘Amadis de Guale, dernière éd., 2 vols., à Lyon pour Jean-Antoine Hugueton, 1606 cito por Baret, Eugène, L‘Amadis de Gaule et Son influence sur les moeurs et la littérature au XVIe et au XVIIe siècles, Paris, 1873 (Slatkine Reprints, Genève, 1970), p. 130

[7] Por ejemplo Martín de Riquer aduce que existen testimonios escritos los cuales afirman que en 1372 el príncipe heredero y duque de Gerona, futuro Juan I de Aragón, tenía en su jauría un perro llamado Amadís. (Martín de Riquer y José María Valverde, Historia de la Literatura Universal, t. 3, Barcelona, Planeta, 1991, p. 482 sqq.)

[8] Viňa Liste, José María, Textos medievales de caballerías, Madrid, Cátedra, 1993, p. 404

[9] Avalle-Arce, Juan Bautista, „Amadís de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990

[10] Avalle-Arce, Juan Bautista, „Amadís de Gaula“: el primitivo y el de Montalvo, México, FCE, 1990

[11] Cacho Blecua anota que bajo el término componedor hay que entender autor, aunque, añade luego, en el contexto de imprimería podría denominar al tipógrafo o impresor. Además el término escriptor tenía entonces el significado de un escribano, un amanuense, o sea un copista (Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 224, nota 28).

[12] ib., p. 224

[13] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), capítulo XXIX, p. 435

[14] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 1302

[15] La muy difícil interpretación moderna de la institución del matrimonio secreto, que tiene un gran papel en nuestra obra, y de su percepción histórica antes y después del Concilio de Trento (1545 - 1563) dejaré aparte puesto que su vínculo con mi análisis es solamente marginal.

[16] Cfr. Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, capítulo IV, p. 277

[17] ib., p. 269

[18] ib., p. 270

[19] ib., p. 362-363

[20] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, capítulo XVII, p. 422

[21] ib.

[22] ib., cap. XVIII, p. 423

[23] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, XLVI, p. 690

[24] ib., LXI, p. 863

[25] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, cap. XXII, p. 471

[26] ib.

[27] ib. XXII, p. 473

[28] ib.

[29] Juan Manuel Cacho Blecua, Amadís: heroísmo mítico cortesano, Cupsa/Universidad de Zaragoza, Madrid, 1979, p. 384

[30] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. II, p. 406

[31] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), II, p. 406

[32] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, cap. VI, p. 410

[33] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. VI, p. 410

[34] ib., cap. VIII, p. 415

[35] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. VIII, p. 413

[36] ib., cap. XLIII, p. 449

[37] ib., XLIII, p. 450

[38] ib., XLIII, p. 449

[39] Gayangos, Pascual, Libros de caballerías, BAE, XL, Madrid, ¿s.d.? (reprint 1963), cap. XLIII, p. 449

[40] ib., III, p. 406

[41] ib.

[42] Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O, Bordas, Paris, 1984, p. 1206 y Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 28, 53

[43] Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O, Bordas, Paris, 1984, p. 1205

[44] ib., p. 1206

[45] Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, II vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 1302, Prólogo al libro IV

[46] Gili y Gaya, Samuel, «Las Sergas de Esplandián como crítica de la caballería bretona», BBMP, XXII (1947), p. 103-111 cito por Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 53

[47] Beaumarchais, J-P. de; Couty, Daniel; Rey, Alain, Dictionnaire des Littératures de Langue Française, G – O, Bordas, Paris, 1984, 1206; Garci Rodríguez de Montalvo, Amadís de Gaula, I vol., ed. Juan Manuel Cacho Blecua, Madrid, Cátedra, 1991, p. 28, 53


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